La segunda oportunidad

martes, 22 de mayo de 2007

La virtud del ahorro


No entiendo el revuelo que se ha montado con los ahorrillos del Vicepresidente de la Diputación Provincial de Castellón. Francisco Martínez, que así se llama el susodicho ahorrador, ha logrado adquirir en siete años tres masías, 10 pisos y 30 parcelas.

No veo donde está el problema, mis padres siempre me inculcaron las virtudes del ahorro y la previsión y Francisco Martínez ha demostrado ser mucho, muchísimo, mejor ahorrador que la mayoría de los españolitos y españolitas que como nos gastamos la nómina en vicios y caprichos no podemos adquirir, ni siquiera, una triste masía. Cuanta razón tenían mis padres.

Francisco Martínez también ha cultivado con eficacia otro valor importante: la amistad de sus semejantes. Debe ser persona muy querida entre sus vecinos ya que un buen número de las fincas que ahora son de su propiedad le fueron donadas por vecinos del municipio del que es alcalde. Ay, el valor de la amistad bien entendida.

Digo yo que, de todas formas, la Diputación de Castellón y el Ayuntamiento de Vall d'Alba deben pagar esplendidos salarios porque a mí no me acaban de salir las cuentas. Claro, que yo ni soy un buen ahorrador ni tengo tantos y tan generosos amigos.



martes, 15 de mayo de 2007

Soledad


Creo que fue ayer cuando escuché una noticia sorprendente: un hombre había adquirido una vivienda por medio de una subasta judicial o algo parecido y cuando, imagino que contento y orgulloso, accedió a su nueva vivienda se encuentró con el cadáver casi momificado de una mujer, parece ser que era la anterior moradora de la casa, que llevaba muerta -alucinante- cerca de seis años.

La historia da que pensar. Por una parte me vino a la cabeza la extraordinaria frialdad del sistema. Bancos, servicios jurídicos, juzgados, subastadores, pujadores, todos ellos funcionando en perfecta y fría armonía. Una maquinaria eficaz puesta en marcha automáticamente ante el impago de deudas contraídas por una persona que probablemente no las abonaba por el simple hecho de haber fallecido. Perfectamente frío y calculado.

Pero lo que más me ha sorprendido ha sido la extraordinaria soledad de la mujer. Seis años fallecida, seis años desaparecida y nadie ha notado su ausencia, nadie ha notificado o se ha alarmado por su desaparición. Ningún familiar, amigo, vecino, conocido la ha echado de menos. Seis años ausente y solo una casualidad ha descubierto su situación. Terrible y angustioso. Es el paradigma de la soledad absoluta.

Anoche, leyendo los comentarios de algunos de vosotros, vuestras muestras de cariño, recordé la noticia, recordé la soledad de esa mujer y una sonrisa egoísta y agradecida apareció en mis labios.

Imagen: La madre muerta. Edvard Munch

sábado, 5 de mayo de 2007

De algo hay que quejarse

Seguro que todos hemos deseado en más de una ocasión aquello de que nos toque la quiniela, la primitiva, la lotería o, en su defecto, se prende de nosotros una señora o señor con capacidad económica suficiente y sobrada como para retirarnos holgadamente de la vida laboral y de las desventajas de tener que mirar la cuenta corriente cada dos por tres. Seguro que sí.

Mi problema en esta cuestión es que aunque lo he deseado fervientemente y con sincera contrición e, incluso, he puesto sendas velas a los santos que me han recomendado, como no juego a la primitiva, la lotería u otros juegos de azar y como no me dejo ver por aquellos lugares donde poder encandilar a una verdadera ricachona, mis posibilidades de dedicarme a una vida descansada, holgazana y liberal, con su punto de golferio, son más bien escasas.

Y eso es una pena, pena para mí porque para mi empresa debe ser una gloria, una verdadera pena que me lleva a plantearme si todo esto tiene sentido.

Hace unos días publicaron una encuesta que decía, más o menos, que el 75% de los españolitos estaría dispuesto a ganar menos dinero a cambio de disponer de más tiempo libre. No me preguntaron pero si lo hubieran hecho mi respuesta habría coincidido con ese 75%. Vaya que sí.

Este año ando un poquito quemado, supongo que vendrán tiempos mejores, la esperanza nos mantiene en la rutinaria cadena, la esperanza y las obligaciones pecuniarias unidas a que nos hemos acostumbrado a una buena vida. Queremos todo y eso es complicado, hay demasiados peajes en el camino.

Bueno, voy a ver si pillo abierto el chiringuito de las primitivas y echo una. La esperanza nunca se pierde.



jueves, 3 de mayo de 2007

Los derechos de los animales

Mi perro está en plena adolescencia. Tiene todos los síntomas: cambios en su cuerpo y en su sensibilidad, búsqueda de nuevas experiencias, autoafirmación, rebeldía y, sobre todo, un revuelo hormonal que le tiene bastante descontrolado.

La instintiva inocencia del can le obliga a repartir inequívocas muestras de su ardor a personas y animales. Nada le corta, todo le vale. Cuando se cruza con alguna perra por la calle no pierde el tiempo, breve olisqueo a modo de cortejo y rápido intento de subirse encima ante la mirada generalmente atónita u horrorizada de los escandalizados dueños. Si encuentra un humano tranquilamente sentado mientras degusta plácidamente una novela o el programa televisivo de turno, se encarama con fuerza a su pierna e inicia un rápido frotamiento genital. Un problema cuando lo hace con alguna visita aprensiva o poco amiga de los animales.

La verdad es que un perro casero lo tiene bastante difícil a la hora de ligar, no existen discotecas ni bares de alterne para perros y las perritas de la zona están celosamente protegidas por sus dueños.

Hasta ahora era un problema de difícil solución pero un ciudadano francés, francés tenía que ser, ha tenido una idea para poner fin a la soledad amorosa de los canes: crear una muñeca inflable para perros.

Dice la noticia que "La fisonomía del juguete es exactamente igual a la de cualquier hembra, con músculos específicamente moldeados para asemejar a los carnosos glúteos de una acompañante canina y un agujero de color rosa en la parte posterior, que su inventor aconseja limpiar regularmente".

Sin duda es una grata y relajante noticia.






jueves, 26 de abril de 2007

La otra ciudad


Durante los últimos días de abril de cada año se produce en Sevilla una verdadera e impresionante migración. Miles de sevillanos se trasladan a diario a una efímera ciudad de bulliciosas y abarrotadas calles de albero flanqueadas por ordenadas y llamativas construcciones de las que emergen sin cesar risas, palmas, música, canciones y personas. Esta vieja y nueva ciudad se monta y se desmonta cada año, cual si de un mecano se tratara.

Las cifras son impresionantes: Más de 1.000 construcciones, denominadas casetas, se reparten a lo largo y ancho de 24 manzanas y 15 calles ocupando una superficie de 400.000 metros cuadrados, 250.000 farolillos y 100.000 lámparas iluminan sus calles, el número de desplazados, denominados feriantes, se estima en alrededor de 400.000 cada día aunque en los últimos días la cifra se eleva a cerca del millón.

Las personas que allí se desplazan suelen hacerlo con vestimenta especialmente elegida para la ocasión, frescos trajes primaverales complementados con llamativas corbatas o traje de corto para el género masculino y trajes de flamenca o de gitana para el género femenino. Aunque es cierto que todo cabe.

Los desplazados más pudientes acceden a la ciudad en lomos de un caballo o sentados en sendos carruajes o enganches tirados por caballos. El resto de desplazados lo hace andando.

Durante el tiempo que dura esta migración, 9 o 10 días, los desplazados se alimentan de productos altamente energéticos: fino, manzanilla, rebujito, cerveza, gambas, jamón, etc. Cuidar una alimentación apropiada es fundamental es estos días dado el extraordinario esfuerzo físico que requiere este desplazamiento: andar, bailar, andar, bailar, andar, bailar, trabajar, andar, bailar, trabajar y así sucesivamente hasta el desmantelamiento del recinto.

Es frecuente ver en los desplazados signos evidentes de cansancio, sobre todo en las horas de madrugada, pero no se observa sensación de derrota, hastío o arrepentimiento. Más bien satisfacción en la mirada y deseo de recuperar fuerzas para volver a empezar.

Es la Feria de Sevilla.


domingo, 15 de abril de 2007

viernes, 13 de abril de 2007

Legisla, que algo queda.


Creo que los españolitos y españolitas estamos sometidos a un exceso de legislación. Nuestros incansables políticos y administraciones tienen una fe infinita en los beneficios de reglamentar cada uno de nuestros pasos. La profusión de leyes, decretos, reglamentos, ordenanzas, disposiciones están consiguiendo que el concepto del estado de derecho esté mutando hacia uno extremos que no me gustan nada.

En la Sevilla de mis amores, el Ayuntamiento está a punto de culminar un proyecto que , en principio, es deseable y positivo: dotar a la ciudad de más de 70 kilómetros de carril bici que permitirán desplazarse sobre las dos ruedas a prácticamente cualquier punto de la ciudad. Ello acompañado de aparcamientos, alquiler de bicicletas y otras oportunas medidas.

Bien, me parece muy bien. Pero ahora, con la puesta en marcha de una buena parte del proyecto, surgen los problemas y, claro, la solución es reglamentar y el protector Ayuntamiento va a aprobar La Ordenanza de Circulación de Peatones y Ciclistas que ya promete jugosas multas a peatones, ciclistas, monopatinistas, carritos de bebe y demás objetos y personas con capacidad de movimiento.

Existía un problema, la falta de carriles bici. Se le ha buscado solución, hay carriles bici. Pero se han creado una serie de nuevos y molestos problemas tanto para los peatones como para los ciclistas y automovilistas que se solucionarán a base de multas ¡cómo no!.

Digo yo que los humanos tenemos una cierta capacidad de organizarnos en convivencia y, además, tenemos una cierta capacidad de aprender. No me gusta que me regulen tanto que cada vez me acuerdo más del Gran Hermano.



jueves, 12 de abril de 2007

¿Tienes una pregunta?


El próximo 19 de abril, Mariano Rajoy participa en el programa de TVE "Tengo una pregunta para usted", aquel del famoso y debatido cafelito a 80 céntimos de Zapatero.

Para ir calentando motores, Nacho Escolar ha lanzado una iniciativa que considero curiosa e interesante. Se trata de que dejemos en su wiki "Tengo una pregunta para Rajoy" la pregunta que nos gustaría hacer al líder de la oposición.

Merece la pena darse una vuelta por el wiki, hay muchas preguntas sobre las que me gustaría escuchar las respuestas del señor Rajoy.


domingo, 8 de abril de 2007

Ritos de Semana Santa

En la Semana Santa sevillana es muy importante no olvidar algunos ritos, participar en ellos con verdadera devoción



y entrega,



apurando hasta la última gota


jueves, 29 de marzo de 2007

Problemillas de junventud

La Organización Mundial de la Salud recomienda la circuncisión para prevenir el sida.

No lo pongo en duda, si así lo afirman por algo será, pero a mí que no me busquen. Aún no me he recuperado del trauma que me creo mi señor padre el día que, siendo el que esto escribe un tierno infante, solemnemente me comunicó que me tenían que operar de fimosis.

El anuncio me dejó hecho polvo, imaginaba temeroso el proceso operatorio y, automáticamente, el problemático órgano disminuía de tamaño hasta casi desaparecer dentro de mi cuerpo, como si se tratara de una operación de camuflaje se minimizaba hasta límites insospechados. El sádico cirujano no podría encontrarlo.

Pero, a la vez, era consciente de que si mi señor padre tenía razón -y los padres siempre tenemos razón- yo tenía un serio problema funcional. Algo había que hacer para resolver el posible problema sin tener que perder parte de mi anatomía de forma tan fría y cruel.

Pensado y hecho, me puse manos a la obra (nunca mejor dicho) constatando solo unos tímidos avances en la necesaria solución. Empezaba a preocuparme, pensaba que tendría que someterme al odiado y temido bisturí. Casi lo tenía asumido cuando la diosa fortuna me deparó mi primera experiencia sexual compartida. Era la prueba de fuego, la verdadera hora de la verdad. El primer intento no funcionó, me dolía y aquello no funcionaba como era preciso. No quedaba más remedio, pasaría por la maldita operación, lo primero era lo primero. Pero en un segundo intento noté como algo estaba cambiando, un leve crujido acompañado de un extraño dolor confirmó mis pensamientos. La estela de sangre que mancho tímidamente las sábanas revueltas fue la prueba contundente. ¡Había perdido la virginidad! y de paso mi pequeño problema.

Fue un gran día.