La segunda oportunidad

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martes, 2 de septiembre de 2008

Todo lo bueno se acaba


¡Uff!, que todo lo bueno se acaba es una de las pocas grandes verdades de esta vida.

Y tan verdad como ya se han acabado las vacaciones y como que hoy es mi segundo día de vuelta a los horarios, las obligaciones y los madrugones.

Ahora toca echar de menos esos días como se echaría de menos a ese amor de verano, corto pero intenso, apasionado pero con fecha de caducidad.

Todo se acaba pero, a la vez, todo comienza. Apesar y yo ya hemos terminado las vacaciones pero iniciamos un nuevo otoño. Así es la vida ¿no?

Nos alegramos de volver a encontraros ;)

lunes, 28 de enero de 2008

Odioso lunes



Hoy es lunes, se admiten sugerencias



miércoles, 2 de enero de 2008

Diario de un pringao




2 de enero de 2008. Tan solo han transcurrido dos días del año de gracia de 2008 y este pringao tiene la sensación de que arrastra el cansancio propio de tirar de 365 días enteritos, con sus días y sus noches.

00.00 horas del día 1 de enero. El pringao tiene un gripazo de los de verdad, 38 grados de fiebre, el cerebro como despegado del cráneo, las narices como el tunel de Somosierra, grandes y atascadas, la garganta plena de molestas sensaciones y el cuerpo totalmente arrastrao. El pringao ha cenado, como buenamente ha podido, en familia. Intenta tomar las uvas, no vaya a ser verdad lo de la mala suerte, pero las uvas son grandes como melones, imposibles de procesar acorde al ritmo de las jodidas campanadas. La sensación de pringao es difícil de superar. Un poquito de tele y a la cama.

Madrugada del 31 al 1 de enero de 2008. Una noche movida, prácticamente sin dormir, por supuesto nada de sexo, solo pañuelos, toses, pastillas y demás artilugios del griposo.

1 de enero de 2008. El pringao se despierta algo mejor, más le vale ya que tiene que conducir un buen montón de kilómetros. Se abriga en condiciones, desayuna y emprende la marcha. El viaje no se hace mal, incluso a medida que pasan los kilómetros va desapareciendo la sensación de ingravidez. El pringao llega a su destino con la sensación de estar en fase de recuperación.

2 de enero de 2008. El pringao tiene que currar, imposible dejar de hacerlo, tiene que preparar mil cosas para las reuniones del día siguiente. El día amanece con lluvia monzónica, cojonudo, el pringao, pertrechado convenientemente contra el viento y la lluvia, llega a su puesto de trabajo. Después de una semana sin aparecer por allí, su mesa es como una oficina de correo en plena campaña de navidad. El pringao piensa y decide: lo primero es lo primero y lo demás que espere. Imposible, los teléfonos demandan lo no hablado en siete días, los ordenadores parece que siguen de vacaciones, pasan las horas y el trabajo no cunde. Por la tarde lo termino, piensa con optimismo el pringao. Pasa la tarde y nada. Le echan literalmente del edificio, ¡coño! que hay que cerrar la casa. El pringao se envía por correo electrónico los documentos a medio acabar, recopila resignadamente los documentos que le pueden hacer falta y se encamina hacia el coche. Los atascos navideños son de órdago, hay que decir que el pringao tiene que transcurrir cerca de dos Cortes Ingleses, bueno un Corte Inglés y un Hipercor. Un buen rato después ¡cómo ha echado de menos su moto! llega a su casa y reanuda el puñetero trabajo. Son las 10 de la noche y el pringao decide que ya está bien, que lo que ha hecho tendrá que servir y que le apetece escribir este post posnavideño.

3 de enero de 2008 y sucesivos: ¡me vengaré!


viernes, 9 de marzo de 2007

Buscando atajos




En mi trabajo hay unas cuantas personas instaladas en un sentimiento de agravio permanente basado en su percepción de que su valía y capacidad no están suficiente y formalmente reconocidas y en la creencia de que sus responsabilidades laborales deben ser mucho más importantes de lo que actualmente son.

Estos sentimientos son totalmente válidos como válido es aprovechar las oportunidades de promoción laboral que se puedan plantear. Sin embargo ya no es tan válido buscar atajos para conseguir la deseada promoción elaborados sobre estrategias rastreras de boicotear el trabajo de otros compañeros, de descalificar la labor de las personas cuyos puestos pretenden ocupar, de lanzar interesados rumores injuriosos o de propiciar un ambiente de crispación generalizada. El resultado es obvio: desunión, confusión, recelos, desconfianza, ruptura de las reglas del juego, mala hostia en el ambiente, creación forzada de grupos antagónicos, confrontación, etc.

Este ambiente se viene forzando desde la última reestructuración de puestos de trabajo por esas personas que se sienten agraviadas, que piensan que han sido tratadas injustamente y que se les ha negado algo que "naturalmente" les pertenece.

Algo muy parecido es lo que está sucediendo en nuestro país. Un importante aunque minoritario sector político, social y económico está poseído por un traumático sentimiento de agravio derivado de perder el poder en las elecciones generales de marzo de 2004. Se podría pensar que "honestamente" creen que actuaciones torticeras les impidieron ganar las elecciones y que "sinceramente" no han asimilado que los ciudadanos y ciudadanas no le otorgaron la confianza suficiente en las urnas como para que pudieran seguir gobernando. Como se podría pensar que esas personas dolidas de mi trabajo "honestamente" piensen que manos negras coartan su posibilidad de asumir mayores responsabilidades.

Se podría creer pero no me lo creo. La verdad, mi verdad, es que en ambas situaciones las actuaciones están basadas en estrategias fríamente diseñadas, estrategias que solo buscan un objetivo: encontrar atajos, conseguir torticeramente aquello que la legalidad y la mayoría les ha negado. Para ello todo vale, todo sirve y cuanta más crispación se logre en el camino mejor para la consecución de sus intereses.

¡No lo conseguirán!

martes, 19 de diciembre de 2006

La Navidad I



Anoche primera cena de navidad, hoy sueño y resaca



miércoles, 18 de octubre de 2006

Un mal día

Hoy ha sido un mal día.

La primera señal ha sido clara: un monumental atasco que hasta me impedía sacar el coche del aparcamiento. Ya se que todos los días hay atasco para llegar a la ciudad, está asumido, pero lo de hoy era El Atasco Perfecto, universal, inamovible e inenarrable.

Desplazamiento desde mi casa a Sevilla: 10 minutos sin atasco, 20 o 25 con atasco y ¡60 minutos con El Atasco!. Genial, el día comenzaba gracioso.

Por fin logro aparcar a solo 20 minutos del trabajo, el siempremirandoporlosciudadanos Ayuntamiento ayuda mucho en este sentido ya que hace unas semanas, antes del inicio de la obra de turno, aparcaba cómodamente a 5 minutos.

Llego a la oficina con cara de cabreo, voy a mi despacho y veo temeroso que la pantalla de mi ordenador tiene el clásico color azul de elwindowstevaahacerlapuñeta. No puede ser, como estoy cabreado todo lo veo negro, me acerco, toco el ratón, toco el teclado, toco la pantalla, compruebo los cables, enciendo una vela. Todo es inútil, mi máquina no me responde. Calma, desenchufo los cables de corriente, los vuelvo a enchufar, enciendo el PC, estoy atento a la pantalla, se enciende, apararecen las primeras letras, recupero la esperanza, leo ávido los mensajes que van apareciendo, ¡plas!, se queda parado en una horrible y triste pantalla oscura pidiendo yo qué coño se. Apago, enciendo, todo igual. Llamo a los de informática, vienen rápido, miran la pantalla y me devuelven una mirada como diciendo estoestábienjodido. Imploro, el puto pc tiene dentro los archivos de los documentos en los que estoy trabajando, no tengo copia y tienen que salir hoy. Cara de circunstancias y casi de pésame. Buscan una solución de emergencia, destripan el PC, cambian la fuente, sacan el disco duro, traen otro ordenador, intercambian piezas, encienden, nada, más intercambios, encienden, ¡funciona!, claro, como que es nuevo, pero yo necesito mis documentos, están en el disco duro antiguo instalado como segundo en éste. Vale, los veo, respiro. Los paso por la red a otro aparato para trabajar mientras se instalan las aplicaciones en el ordenador prestado.

Toda la mañana liado con las instalaciones, uno de los documentos terminado, los otros tendrán que esperar a mañana.

En el almuerzo me tomo dos copas de vino para compensarme por el mal trago mañanero, todo va bien. Todo va bien hasta que derramo la copa sobre mi camisa ¡cojonudo!, paso la tarde ocultando la nada discreta mancha con un chubasquero que tenía en el despacho.

Fin de la jornada, todo ha acabado. Subo al coche, doy al contacto, como respuesta escucho un ligero ronroneo, vuelvo a intentarlo, nada, ¡no puede ser!, ¡otra máquina que se rebela!. Me he dejado las luces encendias, debe ser la puta batería. Llamo a la grua, espero, aparece, me enchufa unos cables y ¡arranca!.

Acelero y huyo de este día horrible. Llego a casa y, por ahora, todo en su sitio. Toco madera y me acostaré tempranito. Hay días que es mejor no moverse.