La segunda oportunidad

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jueves, 9 de abril de 2009

Fumar a pesar de todo

Apesar está en Islandia, un país asentado en una tierra dura, difícil, rota, imposible, asimétrica y, a la vez, impresionantemente bonita, mágica, viva, especial...

Apesar anda por Islandia y Apesar es fumador, pero fumador no arrepentido ni de sentimientos culpables, es fumador porque le gusta y porque está convencido de que hay cosas peores en este mundo.

Pues bien, en Islandía lo de fumar es tarea casi imposible. Prohibido en cualquier sitio cerrado y regularmente visto en cualquier sitio no cerrado. La climatología, de dureza paralela a la orografía del país, hace que fumar se convierta en una actividad ciertamente peligrosa a la par que incómoda. Tener que fumar en la intemperie cuando la intemperie significa, en el mejor de los casos, 2 o 3 grados centígrados y en el más frecuente 1 o menos 1 grado aderezado con lluvia o nieve y un viento literalmente nórdico, es un acto heroico o descabellado, o puede que las dos cosas a la vez.

Pero como Apesar es fumador pues fuma sin importarle las condiciones meteorológicas ni las miradas de los transeúntes. Se siente como un vikingo: fuerte, desafiante y cabezón.

Las circunstancias no acompañan pero fumar fumamos.


miércoles, 16 de abril de 2008

Pequeña crónica de un viaje



Al final ha sido algo más que una semanita.

El relajo laboral que propicia en mi empresa la semana de Feria y las excelentes ofertas económicas que destacan en las agencias de viaje me han permitido emprender una nueva escapada.

Objetivo: la República árabe de Egipto, un destino siempre deseado, un país mágico y un entorno fascinante.

Ésta ha sido mi segunda visita al país y lo que más me ha llamado la atención es la sensación de que en cinco años no ha cambiado nada de nada, si acaso que hay mucha más gente en sus calles, muchos más viajeros, muchos más egipcios y muchos más policías.

Continua la misma sensación de caos, de desorden, de estar todo a medio hacer. Continúan las omnipresentes propinas, los agobiantes vendedores -Egipto es un grandísimo mercado-, las sonrisas no siempre sinceras, la certeza de estar de solo de visita.

Siguen intactos los mismos olores, mezcla de todo un universo olfativo que pasa desde lo nauseabundo hasta lo divino. Sigue imperando la suciedad, la casi total ausencia de planificación, los semáforos que no funcionan, el incesante sonar del claxon de los vehículos, los interminables atascos, los niños en la calle, las calles repletas, la visible pobreza de sus habitantes.

Continúan los amaneceres en tecnicolor, los ocasos increíbles, los paisajes mágicos, las escenas cotidianas que parecen no haberse modificado en miles de años, los apabullantes templos y esculturas, gigantescos, sublimes y maravillosos. Continúan los contrastes exagerados, el desierto y las tierras fértiles, el bullicio y la calma desesperante, el lujo y la pobreza, las mujeres totalmente tapadas y las mujeres a la última moda de occidente, el orden y el desorden, el ruido incesante y el silencio mudo, los naturales y los turistas.

Continua la sensación de entrar en un mundo mágico. Bajar a sus tumbas o llegar al fondo de una pirámide. Imaginar los templos en todo su esplendor, ser consciente de que estás pisando las mismas piedras que hace mucho tiempo pisó alguno de aquellos majestuosos faraones, contemplar las imponentes pirámides. Son sensaciones maravillosas, cargadas de magia y de preguntas y, dicen, que de energía positiva.

Y el Nilo. Vertebrador de todo Egipto, su razón de ser, su fuente de vida, su arteria principal. Tranquilo, majestuoso, productivo, repleto de barcos, falucas, barcas y cualquier objeto con capacidad de flotar. Egipto entero fluye a su alrededor, todo depende de él, nada sería igual sin su existencia.

Una extraordinaria experiencia, un viaje que siempre deseas repetir, un destino de fábula.


jueves, 3 de abril de 2008

De viaje


Una semanita

;)


miércoles, 15 de agosto de 2007

Jordania




Érase una vez un país tolerante y pacífico, cargado de historia y de sol, de casas blancas, coronadas con brillantes depósitos y llamativas parabólicas, encaramadas en áridas y serpenteantes colinas, plagado de montañosos desiertos de colores, desiertos amarillos, negros y rojos, un país pobre, sin agua, sin recursos naturales, un país en el que de tarde en tarde aparece un llamativo e inusual color verde, un escualido rio o un precioso mar azul.

Un país tranquilo, poblado por personas orgullosas que transmiten una sensación calma y relajada, que gustan de la broma y que no escatiman sonrisas, que dan la sensación de vivir sin prisas, sin agobios, contentos con lo que tienen, no se ven caras tristes, parecen bastante felices y parecen buena gente.

Un país en el que confluyen y conviven todos los tiempos. Dromedarios y Mercedes, asnos y Toyotas, oriente y occidente, chilabas y minifaldas, jaimas y palacios, mujeres tapadas salvo los ojos y mujeres con minipantalones, monarquía todopoderosa y elecciones al parlamento y ayuntamientos, pasado y presente.

Un país con ciudades que no son bonitas, son feas, no tienen apenas monumentos ni recorridos turísticos, pero tienen vida, mucha vida, como gigantescos hormigueros repletos de seres moviéndose en todas las direcciones. Ciudades sempiternamente invadidas y destruídas, casi siempre por la mano del hombre y en ocasiones por los terremotos.

Un país amable, acogedor, que apuesta por el futuro sin olvidar el presente, buen vecino de sus vecinos y amigo de casi todos.

Un país árabe llamado Jordania, cinco millones de habitantes, tres de ellos viven en solo dos ciudades. Su territorio es desértico en un 60% y sólo el 20% está cultivado. Tiene 26 universidades, la mayoría públicas. Un sistema sanitario gratuito y suficiente. La religión es mayoritariamente musulmana aunque existen significativos colectivos cristianos en las ciudades bíblicas. Un buen país.