
Anoche, hablando con una persona muy especial, me di cuenta de que la vida es muy traicionera. Ya lo había sospechado en más de una ocasión pero como esto de haber cumplido ya un montón de años te hace sospechar más de la cuenta, nunca he querido hacer demasiado caso de mi profunda desconfianza hacia la vida.
Desde pequeñín he sido muy inocente, muy de pensar -o creer- que la gente es buena, que la vida es sabia, que la mayoría vamos de legal. Por descontado que la práctica me ha ido enseñando lo equivocado que estaba, lo confundido que he estado siempre, lo engañado que he estado. Pero -y no lo puedo evitar- siempre he tendido a justificar, a intentar entender, a ponerme en la piel del otro, a pensar, en definitiva, que la vida no podía ser tan cabrona. Un intenso y viejo debate entre mis yos.
Pero ahora he tomado plena consciencia de las trampas que la vida me ha ido poniendo y de como he ido cayendo en casi todas ellas.
He repartido mal mi tiempo, no he sabido elegir entre lo importante y lo que he creído que lo era. Nunca realizaré ese gran viaje en moto, un viaje largo, ligero, liberador, en el que me soñaba fuerte, libre y guapo. Se que nunca lo haré.
He dejado muchas cosas atrás, pero -lo peor- es que las he dejado sin darme cuenta, sin ser sabedor de mi voluntad. ¡Joder! miro hacia atrás y solo se que he perdido cosas que me importaban y que las he perdido sin darme cuenta, engañado, atontado.
Y no es que me queje, realmente no tengo motivos.
"¡Ves! la vida te sigue engañando, si los tienes y muchos". Apesar ha entrado en el post, ¡qué cabrón! si no fuera por lo qué es me desharía de él.
Bueno, casi un millón de años y aquí estoy, dándole vueltas a cosas que debería tener más que superadas, no tengo remedio, no tenemos remedio. Pero bueno, también he aprendido que en la mayoría de las ocasiones mis yos no se ponen de acuerdo.
Así debe ser la vida. Aún no lo se.