La segunda oportunidad

lunes, 7 de enero de 2008

La vida sigue




7 de enero de 2008, la vida sigue.

E-catarsis me decía que para escribir lo mejor era simplemente sentarse y comenzar a escribir, que ha partir de ese momento las palabras irían configurándose, tomando forma. Eso hago ahora.

Terminó la Navidad y con ella, las prisas, las indigestiones, los excesos, las compras inncesarias, los petardos y los arbolitos y belenes. Los Reyes Magos han dejado los contenedores de basura repletos de cajas de plástico o cartón y llamativos papeles multicolores. Simbolizan a la perfección el final de una gran orgía repleta de sensaciones forzadas, alegría sin sentido y buenas intenciones que rápidamente se olvidarán.

Yo he tenido un nuevo reencuentro, mucho más cómodo y gustoso que el anterior; la complicidad y la comunicación recuperaron su espacio anterior, las palabras fluían con naturalidad, honestas, sinceras, sin tapujos, sin formalismos. Me gustó, fue un buen regalo de reyes.

Ahora comienza el año de verdad, el día ha amanecido con una luz espectacular, la gripe maldita se va alejando, la normalidad recupera su poder, este año tampoco me ha tocado la lotería y me siento bastante tranquilo, en calma, aunque tengo la sensación de que 2008 va a ser un año muy movido. El tiempo dirá.

Feliz regreso a la nrmalidad.


sábado, 5 de enero de 2008

María se ha ido

E-catarsis
Sitio extravagante, irregular, chocante, contradictorio, arbitrario, disparatado...básicamente como yo
Esta era su tarjeta de visita

Así era ella

María se ha ido

Hoy es un día horrible

¡¡Un beso muy grande allá donde te encuentres!!

Te echaré de mucho de menos


miércoles, 2 de enero de 2008

Diario de un pringao




2 de enero de 2008. Tan solo han transcurrido dos días del año de gracia de 2008 y este pringao tiene la sensación de que arrastra el cansancio propio de tirar de 365 días enteritos, con sus días y sus noches.

00.00 horas del día 1 de enero. El pringao tiene un gripazo de los de verdad, 38 grados de fiebre, el cerebro como despegado del cráneo, las narices como el tunel de Somosierra, grandes y atascadas, la garganta plena de molestas sensaciones y el cuerpo totalmente arrastrao. El pringao ha cenado, como buenamente ha podido, en familia. Intenta tomar las uvas, no vaya a ser verdad lo de la mala suerte, pero las uvas son grandes como melones, imposibles de procesar acorde al ritmo de las jodidas campanadas. La sensación de pringao es difícil de superar. Un poquito de tele y a la cama.

Madrugada del 31 al 1 de enero de 2008. Una noche movida, prácticamente sin dormir, por supuesto nada de sexo, solo pañuelos, toses, pastillas y demás artilugios del griposo.

1 de enero de 2008. El pringao se despierta algo mejor, más le vale ya que tiene que conducir un buen montón de kilómetros. Se abriga en condiciones, desayuna y emprende la marcha. El viaje no se hace mal, incluso a medida que pasan los kilómetros va desapareciendo la sensación de ingravidez. El pringao llega a su destino con la sensación de estar en fase de recuperación.

2 de enero de 2008. El pringao tiene que currar, imposible dejar de hacerlo, tiene que preparar mil cosas para las reuniones del día siguiente. El día amanece con lluvia monzónica, cojonudo, el pringao, pertrechado convenientemente contra el viento y la lluvia, llega a su puesto de trabajo. Después de una semana sin aparecer por allí, su mesa es como una oficina de correo en plena campaña de navidad. El pringao piensa y decide: lo primero es lo primero y lo demás que espere. Imposible, los teléfonos demandan lo no hablado en siete días, los ordenadores parece que siguen de vacaciones, pasan las horas y el trabajo no cunde. Por la tarde lo termino, piensa con optimismo el pringao. Pasa la tarde y nada. Le echan literalmente del edificio, ¡coño! que hay que cerrar la casa. El pringao se envía por correo electrónico los documentos a medio acabar, recopila resignadamente los documentos que le pueden hacer falta y se encamina hacia el coche. Los atascos navideños son de órdago, hay que decir que el pringao tiene que transcurrir cerca de dos Cortes Ingleses, bueno un Corte Inglés y un Hipercor. Un buen rato después ¡cómo ha echado de menos su moto! llega a su casa y reanuda el puñetero trabajo. Son las 10 de la noche y el pringao decide que ya está bien, que lo que ha hecho tendrá que servir y que le apetece escribir este post posnavideño.

3 de enero de 2008 y sucesivos: ¡me vengaré!


lunes, 31 de diciembre de 2007

2008



¡¡Feliz y laico 2008!!



Ojalá cumplamos nuestros deseos



martes, 18 de diciembre de 2007

Por lógica



La lógica es buena para razonar, pero mala para vivir (leído por ahí)


[Imagen: Drawing Hands 1948. M. C. Escher]


sábado, 15 de diciembre de 2007

Cuento de Navidad


Ya había anochecido cuando conducía de vuelta a casa. El reencuentro le había inducido un estado de desasosiego. Por la mañana ya se había despertado nervioso por las expectativas del día. Es fácil sentirse preso de los recuerdos de la misma manera que es fácil bajar la guardia y mezclarlos con la realidad.

A esas horas la autopista estaba casi vacía, desde la radio del coche unas voces comentaban el contenido de un par de novelas publicadas recientemente, apenas les prestaba atención ya que las que inundaban su cerebro le parecían mucho más interesantes.

- ¿Qué esperabas?, ¿pensabas que iba a ser diferente?

- Si, aunque era plenamente consciente de la situación, esperaba algún gesto significativo, no se, alguna muestra de complicidad, algún indicio de saltar la barrera.

- ¿Tan solo eso?

- Tan solo eso

- No me lo creo, te conozco

- Básicamente, tan solo eso. Aunque ya sabes, la imaginación y el deseo se desbordan fácilmente, soñar es fácil.

- Ahí quería llegar, ese fue tu error, confundir deseo y realidad dejando paso a expectativas que difícilmente se podían cumplir.

- Los sueños son necesarios, necesitamos tener ilusiones

- Pero hay que asumir la realidad, las cosas están muy claras, lo sabes

- Los milagros no existen ¿verdad?

- Pues claro que no, gilipollas, claro que no

- Tienes razón, hay que pasar página

- Pues eso, hazlo de una vez

En ese momento los locutores concluían la reseña de una de las novelas con una frase que se adueño del interior del coche: "el verdadero infierno es la indiferencia".

Pisó con rabia el acelerador del coche mientras veía, entre las lágrimas, acercarse rápidamente las luces de la ciudad.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Prótesis psíquicas



En el libro que me acompaña estos días se habla de las "prótesis psíquicas". Las define como prótesis inmateriales, que no se ven, pero que actúan. "Por lo visto todos tenemos alguna prótesis de esta naturaleza porque en las sociedades desarrolladas el cuerpo psíquico está más mutilado que el físico. Si pudiéramos ver el cuerpo psíquico con la facilidad que vemos el físico nos quedaríamos espantados. Lo tenemos hecho polvo."

Curiosa reflexión, a mí me ha dado que pensar. Creo que es cierto que todos tenemos nuestras prótesis psíquicas, lo que sucede es que no podemos ponérnoslas o quitarnoslas a nuestro gusto, no es como, por ejemplo, una muleta que usaríamos o no con plena consciencia. Con casi total seguridad, ni siquiera podemos saber qué prótesis psíquicas usamos o tenemos.

Pero ternerlas seguro que las tenemos. ¿Cual es la tuya?

PS: Ojalá pudiéramos acceder fácilmente al catálogo de estas prótesis. ¡Qué ayuda tan grande!


lunes, 3 de diciembre de 2007

La práctica de sexo



Dos estudios paralelos realizados por rusos y americanos (del norte) sobre la práctica de sexo en gravedad cero concluyen afirmando que tal práctica es complicada. De las veinte posturas probadas por voluntariosos y voluntariosas astronautas solo cuatro fueron realizadas con éxito (no definen con claridad el concepto éxito en tales circunstancias pero nos lo podemos imaginar).

¡Cómo son estos rusos y cómo son estos americanos (del norte)!. ¡Menudo descubrimiento!. Que yo sepa, practicar sexo es complicado tanto en gravedad cero como en gravedad 9,8. La práctica de sexo (sin más condiciones) es sencilla y estadísticamente complicada, ya con condiciones no me lo quiero ni imaginar.

¡Y no me lo negueis que me deprimo!


martes, 27 de noviembre de 2007

En la nariz



Desde hace unos días mi nariz está graciosamente adornada con una tenaz protuberancia que ha brotado en su lado derecho y que aún no he logrado catalogar como grano, espinilla u otra especie sebósea.

La cuestión es que mi nariz está hecha un primor con semejante y notorio atributo, porque se nota, vaya si se nota. Por las mañanas, durante mi sesión ante el espejo, no puedo apartar la vista del dichoso grano (o espinilla). Cuando hablo con alguien noto su pugna cerebral para no mirar descaradamente la llamativa espinilla (o grano). Cuando elevo la mano hacia mi cara para prodigarme una caricia, atusarme el tupé o, simplemente, aliviar un picor menor, mis dedos chocan inevitablemente con el llamativo saliente.

Y realmente no se qué pensar al respecto. En principio me desagrada, aunque bien pudiea ser un tardio especimen de acné juvenil y eso, en estas edades, puede entenderse como un halago. Pero si es el comienzo de un inmenso grano de esos feos y desagradales la cosa es bien distinta.

Creo que, como casi todo, va a ser cuesión de tiempo.

lunes, 19 de noviembre de 2007

La vida y yo


La vida no es, ni mucho menos, como nos gustaría que fuese. ¡Qué va!, ¡Ojalá fuera así!. Pero no, ni la vida es como quisiéramos ni nosotros mismos somos como nos gustaría ser.

La primera conclusión sería que esa situación hace que, como poco, nos sintamos incómodos y, con cierta frecuencia, frustrados y angustiados. Pero así es la vida y así somos nosotros.

A menudo intentamos modificar la situación, es decir, intentamos forzar algún cambio en la vida (la vida que nos atañe) e intentamos cambiar algo de nosotros mismos e, incluso, de las personas con las que compartimos, de alguna manera, esa vida. ¿Lo conseguimos?, no lo se, creo que solo en algunas ocasiones. Seguramente no ponemos suficiente empeño. O, quizás, conseguir el cambio no nos importe tanto como creemos. O, bien pudiera ser, estamos tan domesticados que hemos perdido la capacidad de ilusionarnos.

Sean cuales sean las causas, la cuestión es que no logramos sentirnos bien, bien de verdad.

Hablo por mí.